Las personas que viven con demencia son más propensas a sufrir problemas de visión tratables, que podrían prevenirse mediante intervenciones sencillas, como actualizar o sustituir las gafas, o realizar una cirugía de cataratas.
La mala visión dificulta la vida con demencia y aumenta el riesgo de caídas; sin embargo, algunas personas con demencia son menos propensas a acudir regularmente al oftalmólogo.
Para ayudar a las personas con demencia a ver lo mejor posible, los investigadores se propusieron descubrir cómo mejorar su experiencia en las revisiones oculares, contribuyendo así a su bienestar y autonomía.
El estudio reveló que la formación y la capacitación sobre la demencia para apoyar a los optometristas, así como animar a las personas con demencia y a sus cuidadores a declarar el diagnóstico de demencia antes de la revisión ocular, podrían ayudar a eliminar las barreras que impiden el acceso a una atención oftalmológica adaptada a las personas con demencia.