Las desgarradoras muertes de un hombre de 87 años y de una mujer de 95, detalladas en los recientes informes forenses de Victoria, arrojan una dura luz sobre esta crisis.
Estos casos ponen de manifiesto la vulnerabilidad de las personas mayores, la traición de la confianza familiar y los fallos del sistema que las dejan desprotegidas.
El maltrato a las personas mayores no es sólo una tragedia personal, es un fallo de la sociedad que exige una actuación inmediata.
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