Cheryl Yates regaló a su padre, Robert Wyatt, un gato robótico en sus últimas semanas. Robert, que padecía demencia, llamó Buddy al gato y creyó que era real.
"Estaba tan feliz de volver a tener un gatito", dijo su hija. "Este gato le dio tanto consuelo y alegría".
Historias como ésta ponen de relieve los profundos beneficios emocionales que pueden ofrecer las mascotas, reales o robóticas.
Una noticia aún mejor: los animales de compañía no sólo acompañan a los pacientes que se acercan a sus últimos días, sino que se ha demostrado que reducen el riesgo de desarrollar demencia.
A pesar de los encantos documentados de Buddy, el gato robot, parece que los perros de verdad mandan.
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