Susan es una mujer mayor que se mudó de la ciudad al interior del país para estar más cerca de sus hijos y nietos. Sin embargo, poco después de instalarse con su hija, esta obtuvo acceso a sus cuentas bancarias —con el consentimiento de Susan— y, de vez en cuando, pagaba las facturas de Susan. Al cabo de un tiempo, Susan descubrió que su hija había retirado grandes cantidades de dinero de su cuenta y lo había utilizado en su propio beneficio. Esto le causó una gran angustia, por lo que, con valentía, pidió ayuda a sus nuevos amigos del grupo de actividades «Seniors Living Well». Estos la ayudaron a ponerse en contacto con la policía y con el programa SLASSS de la ADA.
La policía y la ADA están ayudando ahora a Susan. Ella aceptó una carta de requerimiento con un plan de pago, y su hija ha venido realizando los pagos periódicamente. La policía ha ayudado a Susan a tramitar una orden de protección contra la violencia doméstica y se le ha prestado asistencia para conseguir un alojamiento independiente.
Susan afirma ahora que se siente más segura y que, quizá algún día, pueda recuperar la relación con su hija.